domingo, 15 de marzo de 2009

Acercandonos a la Teología de la Liberación...


Los pueblos originarios de América sufrieron como parte de la conquista y la colonia una transformación ideológica, en lo que a cosmovisión y credo corresponden. La evangelización de los pueblos indoamericanos y su conversión a la religión católica los hizo fieles seguidores de la “Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana”, lo que sea que ello signifique. Pero durante todo el periodo de la colonia e inclusive después de ella, la Iglesia y el pensamiento que de ella emanó, no se consolidaron como una herramienta de defensa en favor de los desprotegidos como sus evangelios lo señalan, por el contrario, se convirtió en una institución reproductora de un sistema de dominación, en el cual, doctrinaba a los “fieles” a mantener un status quo y soportarlo, pues de ello dependía su entrada al paraíso.
Nada es absoluto, todo es relativo, y no podemos señalar que la Iglesia sea un sujeto monótono e inseparable, pues mientras la alta jerarquía eclesiástica, junto a las fuerzas armadas y otros políticos, fueron y son en muchas ocasiones parte de la elite gobernante latinoamericana que vive en un “paraíso terrenal”, los sacerdotes que viven el día a día en la verdadera Latinoamérica, pobre, pauperizada, ignorada, que se muere de hambre y en medio de interminables conflictos, empezaron a creer que la religión, en especial la católica, tenía que ver mucho con la política, con los procesos sociales y con la realidad material, no solo espiritual, y en busca de cambiar esta terrible realidad, trasladaron el pensamiento de los evangelios a la sociedad, dando nacimiento a la Teología de la Liberación.

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