Hoy que México vive uno de los peores momentos en materia de seguridad, la administración federal ha lanzado una cruzada, cual caballeros medievales en contra los infieles. La cual pareciera la primera cruzada, dirigida por Pedro el Ermitaño, y detrás de él una chusma de ladrones e hipocritas, que dejan de lado cualquier objetivo y método de combate, en beneficio de la popularidad. La delincuencia no es un problema que haya surgido via generación espontanea, es sin embargo, el resultado de las condiciones políticas y sociales de un pais que sufre los resultados del neoliberalismo. La deficiencia en el sistema educativo y la falta de empleo son solo algunos de los factores que detonan esta situación, y ejes que se debiesen fortalecer en vez de militarizar las calles.
A esto se suma la corrupción de nuestros representantes, que en plena campaña política hacen uso de su influencias en pro del procelitismo. Debo señalar que escribo esto dado que me hallo ante la impunidad y la no aplicación de nuestra leyes. Hace un par de años, sufri el primer robo a casa-habitación, a ello se sumaron dos ocasiones más. Después de un exhaustivo metodo de vigilacia, que debiese recaer en los cuerpos de seguridad, y no en los integrantes de la familia, detuvimos al "presunto responsable", un niño de apenas 12 años de edad, quien confesó ante las autoridades correspondientes la autoria de todos los robos. Después de dos días en el tutelar de menores, el chico gozaba de su libertad, gracias a la intermediación del Diputado Federal por el Distrito 5, adascrito al partido del PRD, lo cual deja ver la reproducción de la corrupción en medio de un país que se bate entre lo pasado y el cambio.
domingo, 22 de febrero de 2009
viernes, 20 de febrero de 2009
Ante la impenetrable soledad de mi ser,
cuyo destino se mece sobre el filo
de una buena copa de vino;
mi cuerpo respira , cual caldera de vapor,
el odio mismo de un hombre
ante la negación de una mujer.
Pues la mujer, en cuyo cuerpo
encontramos el fin último
de nuestra existencia,
no es más que la razón misma
de la limitada acción de mi ser.
Cual fragil hoja al viento,
mi cuerpo ante su mirada,
mi ser a su pensamiento,
pido a Dios, que siempre justo,
no quite de mi camino
tu luz que ciega mi mirada
y que alumbra mi alma.
Odín Nuevo
cuyo destino se mece sobre el filo
de una buena copa de vino;
mi cuerpo respira , cual caldera de vapor,
el odio mismo de un hombre
ante la negación de una mujer.
Pues la mujer, en cuyo cuerpo
encontramos el fin último
de nuestra existencia,
no es más que la razón misma
de la limitada acción de mi ser.
Cual fragil hoja al viento,
mi cuerpo ante su mirada,
mi ser a su pensamiento,
pido a Dios, que siempre justo,
no quite de mi camino
tu luz que ciega mi mirada
y que alumbra mi alma.
Odín Nuevo
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